Road to Perdition

Road to Perdition

miércoles, 22 de junio de 2011

Winters Bone

La américa moderna siempre ha sido reflejada de muy distintas maneras dependiendo de la visión del director que afronte la figura del sueño americano como un altar que todos desean alcanzar, que promete todo con tan solo el trabajo y esfuerzo de uno mismo. Este sueño ha ido agrietándose y perdiendo misticismo en el séptimo arte, destacando la fascinante e hipnótica American Beauty (Sam Mendes, 1999), en ella se abandona la idea de la perfección social y la búsqueda del `american way of life´ para buscarse a uno mismo y recuperar el tiempo perdido en una existencia absurda.

En Winters Bone se refleja otra realidad, la de la américa central, la vida en las montañas alejándose así de toda posibilidad de misticismo y ensoñación. La historia de la joven Ree (Jennifer Lawrence) que trata de sacar adelante a su madre enferma, a sus dos hermanos pequeños y evitar que debido a la fianza que recae sobre su padre no les quiten su casa, y con ella todo lo que poseen. En esta historia no parece haber lugar para la esperanza, ya que Ree deberá hacer frente a un entorno hostil, oscuro y lleno de odio.

Jennifer Lawrence con su entregada y más que creíble interpretación de Ree nos hace ver que la lucha constante es el único camino que nos queda para sobrevivir a los obstáculos del mundo, para desvelar que al final nuestra única recompensa no es ningún “sueño americano” sino la pura supervivencia en un mundo miserable.

La honestidad y estilo formal que contiene este drama `indie´ americano con tintes de tragedia shakesperiana podrían encontrar su predecesora en Frozen River (Courtney Hunt, 2008).

martes, 14 de junio de 2011

Secuencia fotografica de Nueva York

Aqui os dejo mi segundo reportaje fotográfico, con la gran ciudad de Nueva York como protagonista, el reportaje esta acompañado por el tema My Foolish Heart interpretado por el pianista neoyorkino Bill Evans durante un concierto en el Village Vanguard en 1961.
Espero que os guste.




jueves, 9 de junio de 2011

There Will Be Blood

El cine de Paul Thomas Anderson siempre se ha caracterizado por sus repartos corales, su rítmica a la hora de presentar ágilmente las situaciones dramáticas, los magistrales y elaborados movimientos de cámara, que dotan a su cine de una profunda inteligencia y de un cuidado estilo formal.

Si sus anteriores películas como Magnolia y Boogie Nights pertenecían a ese tipo de cine con numerosas tramas y personajes que encontraban sentido enlazándose entre unas y otras, tratando temas diversos como los sueños, el rechazo y la soledad. There Will Be Blood pertenece a un tipo de cine claustrofóbicamente encerrado en un solo personaje, con un solo tema de fondo la ambición y el deseo de poder por encima de todas las cosas. Una película con un personaje hipnótico como es Daniel Plainview (un espléndido Daniel Day Lewis) un hombre del petróleo torturado por sus viejos fantasmas con una fuerte codicia que luchara por el éxito a toda costa.

Anderson plantea en esta obra maestra una puesta en escena más clásica que en sus anteriores trabajos. La clave de la película no se encuentra en sus diálogos y movimiento, sino en sus cuidados sonidos e imágenes. Creando un inicio con un lirismo fascinante, mudo, dejando que la bella de sus imágenes narre la historia y nos presenten a nuestro protagonista. La potencia visual de la cinta reside en sus cuidados planos con una composición sobria pero que con pocos elementos son capaces de crear una poesía difícil de encontrar en el cine gracias al soberbio trabajo en la dirección de fotografía de Robert Elswit.

Una película que marca tiempos y silencios, que en ningún momento te hace perder el interés gracias a que todos estos elementos hacen de ella una obra maestra de nuestro tiempo.