
Tras el gran éxito de 300 y la tímida recepción de Watchmen por parte del público la Warner Bros parece haber dado carta blanca a Zack Snyder para hacer la película que quería, dándole así un descanso a la que será prueba de fuego adaptando a la pantalla el comic de Superman.
Por lo que respecta a Sucker Punch nos encontramos ante un extraño producto de difícil clasificación en el cual podríamos decir que se encuentra el paraíso friki. La historia transcurre en un psiquiátrico de los años cincuenta en el que las chicas allí recluidas descubren que la única forma que tienen de escapar de él es mediante la imaginación, con cada fantasía superada (que se realiza durante una danza que nunca vemos) van consiguiendo un objeto que les servirá para huir del psiquiátrico. Con cada fantasía Snyder nos sumerge junto con sus chicas en secuencias de acción impactantes que incluyen soldados alemanes no muertos, dragones, robots y strippers. Esta fórmula de danza-fantasía, se repite en exceso por lo que crea un guion repetitivo y simplón, que es casi una excusa para ir introduciendo las distintas secuencias de acción, eso sí filmadas con un estilo magistral marca de la casa Snyder.
La estética de los distintos escenarios está muy conseguida, aunque a mí lo que más me fascino fue el estilo con el que Snyder y su equipo ambientan el psiquiátrico y la escena inicial en la que nos cuenta la historia de BabyDoll (protagonista del film), solo con imágenes acompañada de una increíble banda sonora, con un estilo de planos y montaje que siempre me ha parecido el punto fuerte del director de 300.
En definitiva considero que Sucker Punch es una película honesta, que va a lo que va, hecha sin pretensiones y con un cierto estilo mezcla de videojuego y videoclip. Erotismo, acción, el pastiche y lo pulp se mezclan en Sucker Punch para crear la obra más personal de Zack Snyder.