
La historia de unos jóvenes que se ganan la vida apostando con su pitbull en peleas de perros clandestinas, una modelo española que ve truncada su carrera debido a un accidente de coche, la historia de un asesino a sueldo que busca la manera de pedir perdón a su hija por haberla abandonado. Estas tres historias entrelazadas contadas por capítulos se van dejando entender según avanza la película ya que en cada capítulo vemos destellos de las otras historias. Finalmente todas las historias encuentran una conexión entre si unidas por un accidente de tráfico.
Esta original manera de estructurar la película hace que veamos en Amores perros tanto un sólido guión confeccionado por Guillermo Arriaga como un gran pulso en la dirección a la hora de estructurar las historias por parte de su director Alejandro González Iñiarritú.
El marco donde se desarrollan todas las historias de Amores perros es el México de los suburbios, aquí observamos las desgracias de unos `personajes condenados a la sordidez. Y es que esta es la mejor manera de definir Amores perros: Una obra maestra sórdida. En su opera prima Iñiarritú perfecciona su estética, teniendo esta un peso importante en la película. El uso de una fotografía quemada, similar a la utilizada en la película de Steven Soderbergh Traffic.
El hecho de que todas las historias encuentren su punto de unión mediante un accidente, a pesar de ser un recurso manido, aquí encaja a la perfección. El accidente hace que nos preguntemos hasta que punto estamos todos conectados y de como un hecho que sucede a cuatro manzanas de donde se encuentra una persona le puede acabar afectando a el aunque no tenga una relación aparente con el accidente, para que despues este hecho cambie su vida por completo.
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